|
|
|
|
|
Tantos regalos de la naturaleza como paisajes nos
ofrece. Turismo Rural Cazorla.
[Descúbrelos] |
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
| |
Adaptada para minusválidos,
Barbacoa,
Chimenea,
Casas rurales de calidad superior,
Casas Rurales,
Casas Cueva,
Hostales,
Coto de pesca Peralta,
Grupos de amigos,
Casas familias,
Miradores,
Celebraciones,
Descuentos,
Especial para niños,
Especial parejas, 2 personas,
Parque natural Cazorla ,
Paisajes vírgenes,
Pantanos,
Piscina,
Ríos,
Rutas,
Turismo rural Cazorla ,
Cazorla,
Casas Rurales Pozo Alcón,
Casas rurales Jaén,
Andalucía,
Casas rurales Fontanar |
|
 |
|
|
|
|
|
 |
|
|
Ruta pico del Cabañas
Pozo Alcón (PARQUE NATURAL DE CAZORLA, SEGURA Y LAS VILLAS -
Jaén)
|
|
PICO CABAÑAS
(desde la dehesa del rincón)
Distancia: 22,97 .km
Tiempo: 8 horas.
Altitud: 1.060 metros.
Dificultad: alta, aconsejable en primavera.
* Acceso En esta ocasión, desde la localidad de Pozo Alcón. Hasta allí llegaremos por el sur desde la autovía A-92 norte, utilizando la salida 321 por la carretera gr-7100 dirección Cuevas del campo-Embalse del NegratIn, hasta cruzarnos con la N-315 hasta llegar a Pozo Alcón. Una vez en Pozo Alcón seguiremos por la A-326 con dirección a Castril-Embalse de la Bolera. A 7.8 km tras sobrepasar el camping de la Bolera, tomaremos a la izquierda una pista forestal dirección el Horníco. Este nos conduce a la dehesa del rincón (monolito a la entrada). Recorridos tres kilómetros desde la A-326, veremos una pista a la izquierda que se abre en un vallado de tablones de madera. En este lugar estacionaremos nuestro vehículo.
*A tener en cuenta El pico Cabañas es la cima más elevada de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Desde sus rocas cimeras, gozaremos de unas vistas panorámicas que comprenden sierras, valles como el del río Guadalentín y río Guadiana Menor, este último contrastando dos paisajes totalmente diferentes, teniendo como fondo los blancos picos de Sierra Nevada. Ascender al pico Cabañas desde la pista forestal de Puerto Llano, desmerece notablemente el prestigio de esta montaña. Proponemos desde aquí llegar al pico desde la Dehesa del Rincón, precioso lugar con un magnífico encinar reflejado por las aguas cristalinas del embalse de la Bolera .Los barrancos de los arroyos de la venta y del guazalamanco, recompensaran el esfuerzo realizado. Solo en pocas ocasiones será necesario el uso de piolets o crampones.
*PUNTO DE PARTIDA
Desde el punto de partida (1.013 m, 10-1), seguimos a pie por la pista que aquí se indicia. Pasamos una barrera y nos adentramos en el barranco del arroyo de la Venta. Este barranco lo atravesaremos poco de entrar en la Dehesa del Rincón, durante nuestro acceso en coche. Cuando hemos recorrido algo más de 500 metros, ignoraremos un carril que se dirige a la izquierda y supera arroyo por un puente romano. Al principio de nuestra excursión encontraremos un poste indicador de madera; se trata de una ruta circular señalizada por el Parque, que seguiremos parcialmente durante el transcurso del presente itinerario. Una vez superados los 40 metros el segundo de estos postes (1.093 m 30 minutos, 1,59 km, 10-2), enfilaremos por un camino que asciende por nuestra derecha. Dicho camino, que es usado para la circulación de vehículos forestales, remonta más decididamente y pronto accede a una nueva bifurcación (hito, 1.266 m, 50 minutos, 2,6 km, 10-3). Por la derecha continúa subiendo con fuerte pendiente como pista; por la izquierda, en cambio, prosigue la ancha vereda que debemos tomar, que no es sino el antiguo camino forestal. Este atraviesa un barranco y más tarde, tras un zigzagueo para ganar altura, arriba el collado de los Helechos (1.422 m, 1 hora y 10 minutos, 3,91 km, 10-4).
Desde el collado, que sirve de divisoria de aguas entre los arroyos de la Venta y Guazalamanco, seguiremos de frente (N), como nos indica los dos postes de señalización del Parque ignorando el poco marcado inicio de un sendero que baja nuevamente hacia la izquierda al arroyo de la venta. Tras unos diez minutos de ligero descenso, nos adentramos en el idílico paraje donde se sitúan las ruinas de la casa forestal del Prado Redondo, junto a la que encontraremos una fuente cegada y unas nogueras. Desde aquí disfrutaremos de una amplia panorámica hacia el este, en la que destacan el valle del Guadalentín y la sierra de castril. En este punto abandonaremos el camino señalizado por el Parque, que desciende hacia la derecha al Guazalamanco y con el que conectaremos en el transcurso de nuestro retorno. Nosotros, en cambio, caminaremos desde la fuente cegada por detrás de la casa, dirigiéndonos hacia una roca que avistamos (NW) a uno 75 metros de distancia sobre el prado y que posee un hito (1.418 m, 1hora y 22 minutos, 4,43 km, 10-5).
Desde esta roca proseguiremos, con el mismo rumbo, por una sendilla apenas marcada que se introduce en el pinar y que esta señalizada con una línea de hitos. Los arbustos, principalmente matas de romeros, dificultan un tanto su seguimiento. Si somos observadores, veremos el muro de piedras que conforma el paramento de esta antigua vereda forestal. Cuando el camino se define más claramente, ganamos vistas a la salvaje cabecera del Guazalamanco. A partir de aquí la ruta se torna espectacular. Nuestro camino asciende un poco más con moderada pendiente hasta alcanzar un majano; entonces, comienza un decidido descenso a través de unas cuantas vueltecillas. Tras pasar bajo unas rocas que presentan amenazantes desplomes sobre nuestras cabezas, llegamos a las proximidades de las cristalinas aguas del citado arroyo. Una serie de bonitas pozas y pequeñas cascadas nos acompañan hasta el punto donde nuestro sendero vadea el cauce. Este coincide con el lugar en el que contemplamos un pequeño chamizo a la derecha del camino (1.438 m, 2 horas, 5,37 km, 10-6). Cruzada la corriente, proseguiremos por su margen izquierda orográfica. Poco a poco, el sendero se difumina; no obstante, algunos hitos confirman nuestra ruta. Hacia la cota 1.520 m, descubrimos que el arroyo se divide en dos vaguadas. La de la izquierda, según el destino de nuestra marcha, se encaja progresivamente y presenta un notable salto de aguas tras las lluvias o en deshielo. La de la derecha, es decir, la de la vertiente izquierda orográfica, que es por la que marcharemos, es una vaguada por la que normalmente no circula agua. Por ella ascenderemos, procurando seguir las sendillas que tratan de suavizar el duro desnivel que deberemos salvar. Un majano, situado al principio de la mencionada vaguada, justo en el punto en el que afluimos a una pista (1.680 m, 2 horas y 40 minutos, 6,32 km, 10-7).
Tomaremos ahora la pista de la izquierda, casi de frente, subiendo muy ligeramente. Empezamos a entrar en las zonas elevadas de la sierra, así lo demuestran los pastizales de altura como sabinas y enebros rastreros entre los que crecen bellos y elegantes pinos salgareños, arces granadinos, mostajos, etc. Nada más comenzar a descender levemente, veremos un ramal que sale por la derecha, que ignoraremos. Acto seguido, encontraremos lo que parece una torrentera (1.701 m, 2 horas y 50 minutos, 6,82 km, 10-8); la pista se transforma en una pista forestal en este punto y se prolonga al frente. Nosotros, por el contrario, giraremos a la izquierda, caminando por la torrentera que se introduce en un breve estrechamiento. Una vez fuera de este, la citada torrentera nos lleva a un carril o camino forestal que seguiremos llaneando. El mencionado camino flanquea (SSW) la cabezera del Guazalamanco por las pendientes situadas bajo la cima del cabañas. Cuando finaliza dicha travesía, la vereda se ha transformado en un sendero y estamos al pie de una vaguadilla que conduce al colladito que vemos cercado. El sendero, un poco perdido (hitos), zigzanea tratando de minimizar el esfuerzo que nos exige esta pina vaguada.
Situados en el colladito (1.836 m, 3 horas y 25 minutos, 8,25 km, 10-9), cortaremos un camino, pero nosotros avanzaremos hacia el suroeste, siguiendo una serie de mojones. A nuestra izquierda dominamos ya una amplia panorámica que comprende el valle del Guadalentín, el embalse de la Bolera y la hoya de Baza, sin duda un gratificante paisaje; así mismo, observaremos en esta dirección (E) una cuerda rocosa en la que proliferan curiosas formaciones fungiformes. Son los llamados torcales de Linares. En esta parte final de la ascensión nuestro sendero se encuentra bastante poco claro. Tenemos la opción de seguir flanqueando la ladera (SW), sin ganar altura, hasta llegar a una pequeña vaguada que conduce a un colladito. Al mismo viene a morir un carril, procedente de la pista de Puerto Llano (jf-7092), que es utilizado por los guardas que suben a la caseta de vigilancia de la cumbre del Cabañas. Desde este colladito prosigue una marcada vereda hasta la cima. En lugar de esto, nosotros optaremos por acortar camino, dibujando un zigzagueante ascenso (W) jalonando por algunos hitos, que nos conducen hasta el pie de unas inclinadas losas de rocas, por las que treparemos con poca dificultad. Por terreno más fácil continuaremos llaneando (SW y W) hasta dar con la marcada vereda, antes mencionada, que nos coloca sin dificultad en la elevación más señera de la sierra del Pozo, Cazorla, Segura y las Villas (vértice geodésico, 2.026 m, 4 horas, 9,03 km, 10-10).
Como ya hemos dicho, el Cabañas constituye un esplendo mirador de áreas situadas fuera del Parque. Principalmente, podernos contemplar lejanas montañas como la Sierra de María, en la provincia de Almería, y su continuación a la Sierra de Orce, las Sierras de Baza y Filabres, en el que sobresale el monte-isla que representa el Jabalcón, y la siempre presente línea de blancas lomas de Sierra Nevada. Por el este, destaca el valle del Guadalentín y la larga alineación que conforman las Sierras de Castril, cabrillas y Empanadas; de los campos de Hernán Perea sólo se puede decir que se intuyen al noreste, se imponen manifiestamente en el paisaje las ásperas y rotundas cuerdas del Rayal y de los Agrios; en esta última se yergue el Aguilón del Loco, que desde aquí nos ofrece su fisonomía más agradecida. Las sucesoras de estas alineaciones hacia el norte de la Sierra de Cazorla, en la que destaca la tendida pirámide de la cumbre del Gilillo. El sector norte del Parque es poco visible desde aquí, salvo en días claros. La más notoria de las montañas que perseguiremos en esta dirección es el Banderillas, que siempre queda enfatizada por la claridad de las rocas que componen su alargada cresta.
Para el retorno propondremos descender por el barranco del Guazalamanco. Por tanto, tendremos que volver por el mismo camino al punto donde conectamos con la pista durante nuestro ascenso (5 horas, 11,74 km, 10-7). A partir de este lugar, seguiremos el trazado de la pista principal. Ésta pasa por un collado a la cuenca del arroyo Frío, para poco más tarde regresar al barranco del arroyo de Guazalamanco. En este último ignoraremos una derivación a la derecha que encontraremos cuando llevemos bajando unos 45 minutos por el carril desde el punto 10-7. Más adelante, arribamos el collado de los Arredraeros (1.291 m, 6 horas y 20 minutos, 16,95 km, 10-11). Este collado actúa de nuevo como divisoria de las aguas de los arroyos Frío y Guazalamanco; desde la cerrada curva que traza nuestro camino en este lugar parte un carril a la izquierda, que ignoraremos la que se adentra en la cuenca del arroyo Frío. Por ello, continuaremos por la pista que, por la derecha, emprende un vertiginoso descenso al Guazalamanco, buscando la embocadura de la atractiva hoz que este forma antes de tributar sus aguas al Guadalentín, en la cola del embalse de la Bolera.
Con empinadas curvas nuestro carril pierde rápidamente altura y alcanza el principio de la hermosa cerrada que el Guazalamanco ha excavado para escapar de su propio barrranco. En un precioso lugar vadeamos las aguas de este arroyo, e inmediatamente se nos une por la derecha un camino que procede de las ruinas de la casa forestal del Prado Redondo. Aquí reencontramos los postes de madera que señalizan la ruta circular puesta por el Parque. Escasos metros más adelante pasamos por una pequeña explanada junto al Guazalamanco, donde estuvo emplazada el área recreativa. En suave bajada atravesamos la cerrada hasta ganar vistas al valle del Guadalentín. En una curva llegamos a un mirador que nos proporciona perspectivas del tramo final de la hoz de Guazalamanco, del embalse de la Bolera, de la Sierra de Castril y el cercano cortijo de Llanos del Molino. Por último, nuestro carril, ligeramente asfaltado para evitar la erosión de las lluvias, emprende un descenso algo más acosado y conecta con la pista principal que transita por el margen derecho de la Bolera (1.024 m, 7 horas y 20 minutos, 20,08 km, 10-12). Continuaremos ahora a la derecha, atravesando la hermosísima Dehesa del Rincón, ejemplo único dentro del territorio del Parque. Este rellano o escalón, ligeramente sobre elevado sobre las aguas del embalse de la Bolera y donde se asienta este precioso encinar, no está formado por los típicos depósitos de piedemonte, sino que se haya labrado sobre la roca viva, es lo que en geomorfología se conoce como pedimento. Tras pasar junto el centro de formación El Horníco, antiguo cortijo reabilitado para fines educativos, llegaremos al punto de inicio de nuestra larga excursión (8 horas, 22,97 km, 10-1)
|
|
|
|
| |
|
 |
|
|